Siempre hay una salida de la tentación

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.1 Corintios 10:13

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.
1 Corintios 10:13
Aunque la tentación no es pecado, es muy peligrosa. Por eso no debemos detenernos frente a ella, ni siquiera por un momento. Como José, hay que huir inmediatamente. El que decide permanecer en el terreno de la tentación corre el peligro de ser su víctima. No dialogues con ella, no fijes tus ojos en ella, no te acerques a ella.
Cuando estudiaba en la Universidad Adventista de Centroamérica, trabajaba en el campo con otros compañeros. Un día, mientras limpiábamos el terreno de malezas, descubrimos una enorme serpiente. Decidimos rodearla, para que no escapara. La serpiente se enrolló y se quedó tranquila. Uno de los compañeros decidió acercarse al peligroso reptil. Tomó un palo en su mano y comenzó a moverla. La serpiente se encogía y se estiraba. Algunas veces se levantaba y luego caía de nuevo a tierra. El joven estaba muy feliz y disfrutaba mucho del espectáculo presentado por el animal. El joven perdió el miedo y se aproximó un poco más. De pronto, la serpiente atacó como un rayo y clavó los colmillos en el brazo del joven incauto. Ahí terminó la “fiesta”. Buscamos ansiosamente una ambulancia para conducirlo al hospital, donde ingresó al borde de la muerte.
Así es la tentación. Aparece en cualquier lugar y en cualquier momento. No te acerques, ni juegues con ella. Si lo haces, te morderá. Pero la promesa divina es que cuando llega la tentación, Dios «dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar». Esta promesa es muy cierta. Siempre se presentarán obstáculos para no ceder a la tentación. Antes de encontrar el canal en el televisor para ver una película que degrada la mente y enferma el espíritu, encontrarás un canal donde se presenta la Palabra de Dios. Justo cuando decides detener el automóvil frente a un lugar de reputación dudosa, sonará el teléfono con una llamada de tu esposa, que te dirá: «Te amo muchísimo y estoy segura de que tú también me amas». Cuando sientes la tentación de insultar al conductor que entró en tu carril de forma imprudente, ves una calcomanía en la parte trasera del auto, que dice: «¿Qué haría Jesús?»
Siempre será difícil pecar. Es una terca oposición a todas las advertencias divinas y a todos obstáculos que Dios nos pone para que tengamos tiempo para reflexionar. Cuídate hoy.
Juan O. PerlaNo os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.1 Corintios 10:13No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.1 Corintios 10:13

Aunque la tentación no es pecado, es muy peligrosa. Por eso no debemos detenernos frente a ella, ni siquiera por un momento. Como José, hay que huir inmediatamente. El que decide permanecer en el terreno de la tentación corre el peligro de ser su víctima. No dialogues con ella, no fijes tus ojos en ella, no te acerques a ella.


Cuando estudiaba en la Universidad , trabajaba en el campo con otros compañeros. Un día, mientras limpiábamos el terreno de malezas, descubrimos una enorme serpiente. Decidimos rodearla, para que no escapara. La serpiente se enrolló y se quedó tranquila. Uno de los compañeros decidió acercarse al peligroso reptil. Tomó un palo en su mano y comenzó a moverla. La serpiente se encogía y se estiraba. Algunas veces se levantaba y luego caía de nuevo a tierra. El joven estaba muy feliz y disfrutaba mucho del espectáculo presentado por el animal. El joven perdió el miedo y se aproximó un poco más. De pronto, la serpiente atacó como un rayo y clavó los colmillos en el brazo del joven incauto. Ahí terminó la “fiesta”. Buscamos ansiosamente una ambulancia para conducirlo al hospital, donde ingresó al borde de la muerte.


Así es la tentación. Aparece en cualquier lugar y en cualquier momento. No te acerques, ni juegues con ella. Si lo haces, te morderá. Pero la promesa divina es que cuando llega la tentación, Dios «dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar».


Esta promesa es muy cierta. Siempre se presentarán obstáculos para no ceder a la tentación. Antes de encontrar el canal en el televisor para ver una película que degrada la mente y enferma el espíritu, encontrarás un canal donde se presenta la Palabra de Dios. Justo cuando decides detener el automóvil frente a un lugar de reputación dudosa, sonará el teléfono con una llamada de tu esposa, que te dirá: «Te amo muchísimo y estoy segura de que tú también me amas». Cuando sientes la tentación de insultar al conductor que entró en tu carril de forma imprudente, ves una calcomanía en la parte trasera del auto, que dice: «¿Qué haría Jesús?»


Siempre será difícil pecar. Es una terca oposición a todas las advertencias divinas y a todos obstáculos que Dios nos pone para que tengamos tiempo para reflexionar. Cuídate hoy.

Juan O. Perla