COSTOSO, PERO...............




Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame».Mateo 16:24

Cuando Jesús, durante su ministerio terrenal, invitaba a la gente a seguirlo, no era difícil entender el significado de sus palabras. Después de todo, él se encontraba aquí físicamente. Él dijo a los pescadores y a los cobradores de impuestos: «Venid en pos de mí». La respuesta de estas personas se plasmó en el acto concreto y físico de poner los pies en la tierra, caminar tras el Salvador y convertirse en sus compañeros de viaje.

Aunque ya no está aquí físicamente, el Señor continúa extendiendo su invitación a seguirlo. ¿Qué significa hoy seguir a Jesús? Seguirlo no se limita ya a recorrer la tierra de Israel tras él. Se trata más bien de una invitación a cada persona en cada país y en cada época.

Seguir a Jesús significa unirse a él para continuar lo que vino a hacer: llamar a los pecadores al arrepentimiento, buscar lo que se ha perdido, dar a conocer la vida abundante que ofrece a todos los que viven en la miseria del pecado, traer gloria al nombre de Dios. Ir en pos de él significa recoger con él, no desparramar. No hay seguidores neutrales. O recogemos o desparramamos. Los creyentes nos hemos unido a él para continuar su labor: congregar un pueblo leal para la gloria de su Padre.

Seguir a Jesús, además, significa que debemos ser partícipes de sus sufrimientos. Cuando Jesús nos llama a seguirlo, hace hincapié en el sufrimiento. Ningún seguidor de Jesús debe extrañarse de que el mundo se le vuelva en contra, de que lo desprecien o de que traten de hacerle difícil la vida. Jesús sabía que se dirigía a la cruz, y nos exige hacer lo mismo. El sabía que su propio dolor caería sobre aquellos que lo seguían.

Nos llama a seguirlo en su sufrimiento, porque esta vida de gozoso sufrimiento por Jesús demuestra que él vale más que todos los tesoros por los que vive el mundo.
Seguir a Jesús es de importancia suprema, y conlleva ciertos comportamientos: romper relaciones con otras personas o con ciertas posiciones; y complacerlo en todo.

Es costoso, pero vale la pena.
Si algo obstaculiza que sigas a Jesús en el verdadero sentido del término, debes librarte de todo estorbo. Decide hoy renunciar a todo para estar a la entera disposición de Jesús, para los propósitos que él estime convenientes.
Juan O. Perla