Y TU QUE DAS, LAS SOBRAS O LO MEJOR ??




“¿Qué pagaré al Señor Por todos sus beneficios para conmigo?” (Salmos 116:12)
 

El hijo de un cierto predicador tenía un perro al cual dio el nombre de Señal. Tenía con el perro una grande amistad y un día, durante la cena, despegó el mejor pedazo de su bistec y se lo dio a Señal. “Mi hijo”, dijo su padre, “sería mejor si tu mismo comieses aquella carne y dejase para Señal apenas las pequeñas gorduras que retirás de tu bistec”.

El niño intentó argumentar pero el padre se mostró inflexible. Señal no debía tener el mejor pedazo de carne. “Está cierto, papá”, dijo el pequeño niño. “Aquí, Señal, quiso darte un diezmo, pero yo solo puedo darle una ofrenda.”

Cuando leemos una historia como la del niño y su perro, recordamos luego de dinero y del diezmo que la Biblia nos enseñó a entregar para la obra de Dios. Pero yo creo que la enseñanza va mucho más alla y debe penetrar bien al fondo de nuestras almas.

¿Qué parte de nuestras vidas estamos entregando a Dios? ¿Lo mejor que tenemos  o solo las sobras o lo que creemos no sirva para nada? ¿Estamos dando al Señor el diezmo de nuestro tiempo, de nuestro amor, de nuestra alegría, de nuestras fuerzas, de nuestro regocijo, o ¿apenas las murmuraciones, las quejas y la lista de pedidos?

El verdadero cristiano entra en su cuarto y glorifica al Señor por las bendiciones alcanzadas, por las victorias del día, por la protección durante el tiempo en el que se encuentra en las calles tan peligrosas, por el consuelo en las horas de crisis, por el sol que brilla despues de la tempestad, por el sostén en las horas de aflicción. 

Él también coloca delante del altar del Padre sus dificultades, sus problemas, sus anhelos, y todo lo más que no consigue resolver solo, pero su prioridad es alabar y engrandecer el nombre del Señor Jesús.

¿Qué daremos al Señor por todo cuanto ha hecho por nosotros ? ¿Lo mejor o lo qué no nos sirve?

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