LOS MITOS DEL SEXO vs LA BIBLIA. Parte 3

MITO N? 6: «La juventud moderna es más madura y está más preparada para el matrimonio en cuanto a los temas sexuales porque sabe de todo y porque muchos han experimentado el contacto sexual».

Es muy cierto que la juventud actual sabe mucho más acerca del sexo que la juventud de mi época, pero ¿necesariamente significa que la hace más apta para disfrutar del sexo dentro del matrimonio? ¡Lo dudo! La mayoría de los chicos aprenden sobre los temas sexuales a través de conversaciones con los amigos, chistes subidos de tono, libros pornográficos o semi-pornográficos; en fin, de un ambiente totalmente fuera del contexto bíblico. 

La juventud, por lo tanto, sí sabe mucho del sexo–la mecánica–pero muy poco sobre cómo el sexo está relacionado con el amor. El reto es aún más grande: enseñar a toda una generación cómo el contacto físico encaja con el amor–dentro del matrimonio.

MITO N? 7: «La juventud es la que tiene problemas con la codicia, una vez casada cesa el problema».  
Es intrigante ver las clasificaciones de las películas: «para mayores de 18 años» como si la pornografía sólo afectara a los menores de 18 años. Probablemente la pornografía afecte más a los casados y a los que han jugado con el sexo que a los que son vírgenes. 

Un artículo dice:
«Varios son los que afirman, y hay evidencia para sostenerlo, que antes de que una persona experimente el acto sexual, sólo tiene curiosidad y deseos sexuales, pero una vez experimentado, comienza a tener pasión sexual. Es como si el acto sexual encendiera un motor que estaba apagado. Después de encenderlo, la persona batallará con la pasión sexual. Este es un fuerte argumento en contra de la masturbación y las relaciones prematrimoniales. Dios hizo que la pasión sexual se encendiera dentro del matrimonio, en donde hay posibilidad de satisfacerla». (Fui Violada, Apuntes Pastorales, Volumen II, número 4, diciembre 1984-enero 1985).

Nunca llegaremos a comprender cuánto y de qué manera la pornografía ha torcido la mente de los hombres. Cuando el varón codicia a las chicas en revistas pornográficas, en películas, y en la calle, diversifica su deseo sexual y pervierte sus relaciones sexuales matrimoniales. En cambio el deseo sexual de hombre que se mantiene fiel en mente y cuerpo, es semejante a muchos ríos angostos — son profundos. Este hombre no malgasta su energía sexual con otras, sino que guarda todo para su esposa. La pornografía es una trampa, un callejón sin salida. 

Ofrece educar, promete «enriquecer la vida íntima» pero hace todo lo contrario. Destruye los pensamientos puros de un hombre hacia una mujer y provoca la codicia. La pornografía hace que la conciencia sea menos sensible al pecado sexual, y en forma progresiva cada vez se necesita más para provocar el mismo estímulo. Por lo tanto, muchos se enredan más y más en actos cada vez más pervertidos. 

MITO N? 8: «No voy a tener el acto sexual (por temor al embarazo o a una enfermedad venérea) pero está bien hacer todo menos el acto en sí». 
En círculos cristianos es posible pensar que el coito es el pecado, pero que está bien practicar masturbación mutua, sexo oral, u otras caricias profundas. Vale la pena mencionar que ya he aconsejado a tres parejas que no han tenido relaciones sexuales (técnicamente hablando) pero la chica quedó embarazada de todas maneras. El propósito de las caricias es prepararse para las relaciones sexuales tanto emocional como fisiológicamente (por eso se llama el juego previo). 

Si durante el noviazgo se preparan para algo que no deben hacer hasta la noche de bodas, el resultado lógico es frustración sexual–a veces en los hombres hasta dolores intensos en los testículos. Peor todavía es alcanzar tal nivel de estimulación que cada vez se debe avanzar más en la profundidad de las caricias. Pablo declara: «Bueno sería al hombre no tocar mujer» (1 Cointios 7:1). La palabra «tocar» significa «encender o hacer que una cosa se inflame o arda».

La batalla se encuentra en la mente. Cuando los novios arden de deseo sexual, están transgrediendo los límites bíblicos. En el noviazgo ideal (¿existe tal cosa?), la intimidad emocional y el deseo de tener relaciones sexuales llegan a su cumbre el día de la boda. Es notable que la palabra «tocar» también tiene el sentido de «adherirse a algo».  

No solamente no es bueno tocar (inflamarse o excitarse sexualmente) mujer (que no sea su propia esposa), sino que tampoco es bueno adherirse a mujer ajena.

Además (vuelvo a tocar el tema de la intimidad) se puede decir que la relación sexual es «la intimidad máxima» y solamente dentro del contexto del matrimonio se puede desarrollar tal intimidad. Dentro de los votos matrimoniales será posible entregarse totalmente, sin vergüenza, sin tener que salir para ir a su propia casa, sin temor al embarazo (todo lo contrario), sin el temor de que uno terminará el compromiso. Dentro del matrimonio la pareja comparte todo: las finanzas, los niños, los quehaceres y la cama.

MITO N? 9: «Lo más importante es mi propia satisfacción». 
 Es probable que 1 Juan 2:16 contenga el lema del mundo de todas las generaciones: «…todo lo que está en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida…»

El mundo se forma de tres partes: deseos, deseos y vanagloria. Fuera del contexto bíblico, el tema del sexo se forma de los mismos elementos. No voy a dedicarle mucho espacio a este mito, pero dejemos que la Escritura hable por si misma. «El que tiene amor, tiene paciencia; es bondadoso y no envidioso; no es presumido ni orgulloso. No es grosero ni egoísta; no se enoja ni es rencoroso. No se alegra del pecado de otros, sino de la verdad» (1 Cointios 13:4-6, VP). 

«Que cada uno de nosotros agrade a su prójimo para su bien, para su edificación» (Romanos 15:2). «…por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Corintios 5:15). «No busquéis sólo vuestros propios intereses personales, sino también los intereses de los demás» (Filipenses 2:4). «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame» (Lucas 9:24). «La mujer no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino el marido [no un novio]. Y asimismo, el marido no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino la mujer» (1 Cointios 7:4).

Frente a esta avalancha de propaganda, la Iglesia de Cristo del nuevo siglo se prepara para la batalla armada con la verdad. El tema del sexo no puede ser tabú, no podemos ignorarlo, nos está invadiendo estrepitosamente. 

Es hora de sacar este tema de las conversaciones en los pasillos y los baños y ponerlo en el contexto apropiado, la Biblia, la familia y la iglesia, para que tanto los jóvenes como los adultos podamos vivir con la conciencia transparente y en victoria. Es imprescindible que la iglesia presente la alternativa bíblica, no solamente condenando (es correcto hacerlo cuando sea necesario) sino también enseñando la belleza del sexo marital.

por Jaime Mirón