Camina hacia EL con firmesa


No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades.
Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo” Salmos 37:1,7-8.


Surge la envidia en el corazón del creyente cuando uno ve que los incrédulos disfrutan en abundancia lo que uno necesita. Ciertamente la providencia es un gran misterio, que los malvados tienen prosperidad y al mismo tiempo los buenos sufren mucho. No importa como uno lo ponga, la triste realidad es así y no puede ser negada, es un cuadro frecuente en toda sociedad, y quizás mucho más en la nuestra, produce una mezcla de amargos y ahogantes sentimientos, nótese: “impaciencia… envidia… enojo… excitación hacer lo malo” . En otras palabras, que es usual que un alma sana sea debilitada con esa visión. Los virus que enferman el alma Creyente entran por los ojos.


Sigamos leyendo en este contexto del Sal.37.: “Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará” (v3-5). Entre todas estas palabras se pueden ver tres deberes Cristianos: Confiar, hacer el bien y deleitarse. Entonces el deleite o disfrute, no sólo en la vida cristiana, sino a Dios mismo es un deber, tan importante como el ejercer la fe o hacer buenas obras. Más que eso, es un remedio. Siendo, pues, un deber-remedio, entonces el creyente ha de aplicarse con toda diligencia a este curso reparador de su alma. Antes de entregarte a esto es de suma importancia ejercer una mente racional, o que Dios nunca te hubiese mandado a que busques deleitarte en El a menos que tú tengas algo que hacer.


El Señor te trata como criatura racional, y digo esto a propósito, porque algunos se estacionan pidiendo a Dios que le haga esto o lo otro sin que ellos hagan nada, como si fueran un pedazo de mármol donde el escultor moldea la piedra, y la piedra ni se entera. El apóstol lo dice así: “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1Pe.2:5). Somos piedras vivas, capaces de oírle y hacer nuestra parte.


La idea es que Dios dará el deleite, y tú debes cooperar. Como dijera John Howe: ‘Aun sabiendo lo que es el deleite espiritual, al menos debes esforzarte contra todo obstáculo que se le oponga o lo obstruya, y esto en el poder del Espíritu Santo. Así que, no pienses que es el disfrute de algo totalmente fuera de tu alcance; porque aun cuando es verdad que el poder del Espíritu Santo es sobre natural o extraordinario, aun así Dios en Su gracia y condescendencia lo concede o lo pone a tu disposición’. Amén.

pastor Oscar Arocha