¿Qué puede estar revelando el hecho de llegar regularmente tarde a los cultos de adoración?



No solo debemos estar en los cultos de adoración en el día del Señor, sino que debemos llegar a tiempo. Es Dios quien nos ha convocado, es Él quien ha prometido hacerse presente cuando Su pueblo se reúne para adorarle cada primer día de la semana (Mt. 18:20); por lo tanto, debemos hacer provisión para acudir puntuales a esa cita.

Entendemos que una persona puede sufrir algún percance providencial que le impida llegar a tiempo a uno de los cultos. No debemos juzgar mal a una persona que en un momento dado llegó tarde, porque no sabemos lo que le pasó. Pero si alguien llega tarde regularmente a los cultos de la Iglesia, tenemos razones para preocuparnos. Esa tardanza sistemática puede estar revelando varias cosas.

En primer lugar, puede estar revelando una pobre visión de Dios. La razón por la que mucha gente llega tarde a los cultos no es porque vive lejos (de hecho, suele suceder todo lo contrario), y mucho menos porque somos latinos (antes que latinos, somos cristianos). El problema radica en una pobre visión de Dios.

Si el presidente de la República nos convoca al palacio para el miércoles a las 7:30 de la mañana, yo estoy seguro que el martes en la noche ya tendremos listo lo que nos vamos a poner, y nos vamos a despertar con suficiente tiempo, y vamos a calcular para que no nos atrape el tránsito, de modo que podamos estar en el palacio a las 7:30 am.

Pues lo que ocurre cada domingo es muchísimo más importante que eso. El Dios de los cielos, el Creador y Sustentador del universo que envió a Su Hijo a morir por tus pecados, te ha convocado para una asamblea. ¿Cómo es posible que te atrevas a llegar tarde?

No puede ser que tengamos más cuidado con nuestros trabajos, o nuestras reuniones de negocio, que el que tenemos con nuestro Dios. No existe en el mundo una reunión más importante que la que la Iglesia celebra cada domingo en el día del Señor (comp. 1Tim. 3:14-15). Nosotros adoramos a un Dios de orden y debemos hacerlo en orden.

En segundo lugar, esa tardanza sistemática también revela un espíritu desconsiderado y egoísta. Aquellos que llegan a tiempo son estorbados por los que llegan tarde, incluyendo los que dirigen y predican.

Pablo nos dice en 1Cor. 14:40 que todo cuanto se hace en la Iglesia debe ser hecho “decentemente y con orden”, no solo porque así reflejamos adecuadamente al Dios que adoramos y servimos, sino también porque eso nos permite adorar sin distracción.

Comentando este texto dice Charles Hodge: “Decentemente, es decir, de tal manera que no se ofenda al decoro. El adjetivo cuya forma adverbial se usa aquí significa bien formado, atractivo… hay en esta palabra una exhortación a celebrar el culto de forma agradable; dicho de otro modo, de manera que produzca grata impresión en todos los que tienen un espíritu recto. Y con orden, no tumultuosa o atropelladamente, sino como un ejército bien disciplinado, donde cada uno ocupa su lugar y actúa en el momento oportuno y de manera adecuada”.

Si eres creyente, miembro de una iglesia local, es tu responsabilidad hacer posible que eso sea una realidad en medio de tu congregación. Solo así nuestro Dios es adorado como es digno de Su majestad

Pastor Sugel Michelen.